Matutina para Adolescentes, Viernes 16 de Junio de 2021

El negociante – parte 1

“El que es generoso, prospera; el que da, también recibe” (Prov. 11:25).

Jaime White no solo fue fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, sino que también contribuyó a sustentarla durante toda su vida. Constantemente donaba cien dólares a algún proyecto, quinientos a otro, o mil a otra causa. Además de apoyar los proyectos de la Iglesia, ayudaba a las viudas y a los pastores con dificultades económicas, y daba aportes a quienes necesitaban comprar casa. Cada año contribuía con miles de dólares a la Iglesia, en una época en que el ingreso promedio de una persona era de trescientos a quinientos dólares por año. ¿De dónde sacaba tanto dinero?

Ciertamente, no se debía a su salario como editor de la Review and Herald, o como presidente de la Asociación General. De hecho, le escribió una carta a su hijo Willie en la que le comentaba que durante los últimos dos años no había cobrado su sueldo como editor. La razón es que Dios bendijo a Jaime con un talento especial para hacer dinero, el cual Jaime utilizó para apoyar la causa del Señor.

Jaime White vendía Biblias y otros libros religiosos, y usaba sus ganancias para mantener a flote la primera editorial de la Iglesia. Compró los materiales de una papelería durante la Guerra Civil por 1.200 dólares y donó parte de este material a la Review and Herald Publishing Association. El resto lo vendió por 2.400 dólares. Además, siempre se mostró muy hábil con los bienes raíces. Durante años dirigió un vivero con la ayuda de sus hijos. Más tarde, actuó como representante de las dos editoriales de la Iglesia y de diferentes compañías de fabricación de papel. Pero quizás el proyecto más interesante de su vida, lo llevó a cabo mientras vivía en Texas.

Varios adventistas se mudaron a Texas donde, desafortunadamente, fueron golpeados con la malaria, que todavía era común. Como no podían trabajar, estas familias pasaron hambre. Cuando Jaime White se enteró de su difícil situación, decidió ayudarlos.

Con sus habilidades empresariales, compró pieles de búfalo y de gato montés, las vendió y, con las ganancias, compró mantequilla, nueces, frijoles y otros productos en Míchigan que vendió en Texas, obteniendo aún más ganancias. Entonces descubrió que podía comprar una mula por 80 dólares en Texas y venderla por 200 en Colorado. Así que compró una manada de mulas y potros, y organizó un viaje en el que trasladó a los enfermos de la iglesia a Colorado, donde el clima era más beneficioso para ellos.

Continuará…

GW

Comparte este devocional
Deja tu comentario