
Dios te pide que respetes a todo el mundo
“Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes” (Lucas 6:31, PDT).
Recientemente, me causó gran impresión la noticia de un hecho real que venía acompañada de las fotografías del suceso y de sus protagonistas. El hecho se produjo durante un vuelo de diez horas de duración entre Corea del Sur y Estados Unidos. Inmediatamente de despegar el avión, una mujer joven se levantó de su asiento y, con su bebé en los brazos, comenzó a repartir entre los pasajeros una bolsa para cada uno. Las bolsas contenían dulces, chicles y un par de tapones para los oídos. El detalle constituía una especie de disculpa anticipada en el caso de que el bebé, que tenía apenas cuatro meses de edad, llorara y gritara demasiado durante el vuelo.
Además, pegado en la bolsa había un papel con el siguiente mensaje: “Hola, soy Jun Woo y tengo cuatro meses. Hoy estoy viajando a Estados Unidos con mi mamá y con mi abuelita. Como me siento un poco nervioso y asustado, puesto que este es el primer vuelo de mi vida, es normal si yo lloro o causo alguna molestia. Trataré de mantener la calma, pero no puedo prometer nada. Por favor, si mis gritos o mi llanto se vuelven demasiado fuertes, usa estos tapones para tus oídos. Que tengas un buen viaje. Gracias”. Sin duda, un pequeño gesto lleno de sensibilidad y consideración, que muestra a una mujer llena de respeto hacia los demás.
El respeto es también una enseñanza bíblica. El apóstol Pedro la resume en una frase breve, directa y al punto: “Traten a todos con respeto” (1 Ped. 2:17, NBV). Y para Jesús era una regla de oro: “Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes”. Para los seguidores de Cristo no existe otro camino que respetar a todo el mundo, los conozcamos o no, nos caigan bien o mal, sean molestos o un remanso de paz. ¡Qué fácil y rápidamente solemos reclamar nuestros derechos, y con cuánta frecuencia obviamos los ajenos! Respetar es tomar siempre en cuenta la libertad del otro y darnos cuenta de cuándo, con palabras o actos, estaríamos violando esa libertad; entonces, refrenarnos de hacerlo. Esto requiere sensibilidad, que Dios nos dará si se la pedimos.
Respetamos al otro porque el Dios que nos ha creado a todos nos respeta a nosotros también. Respeta nuestra libertad, nuestro valor, y nos enseña así a mostrar en nuestra conducta ese mismo respeto que es un reflejo de su carácter sensible y amoroso.