Matutina para Adultos | Lunes 11 de Septiembre de 2023 | “Me libró de todos mis temores”

“Me libró de todos mis temores”

“Recurrí al Señor, y él me contestó, y me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4, DHH).

Hoy se conmemora otro aniversario más del ataque terrorista perpetrado el 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York. El paso inexorable del tiempo no ha podido borrar las imágenes de los aviones estrellándose contra las torres, ni de la gente lanzándose al vacío. Todavía nuestra mente atesora la tétrica escena de la inmensa nube de humo que cubrió el centro de Manhattan. Tenía razón el expresidente Bush cuando, al dirigirse al mundo aquella noche, declaró: “Ninguno de nosotros olvidará jamás este día”. Casi tres mil personas murieron y más de seis mil resultaron heridas. Por supuesto, el costo material también fue enorme. En los meses que siguieron al ataque, la ciudad de Nueva York perdió más de cien mil millones de dólares; se gastaron seiscientos millones de dólares para limpiar los escombros y las compañías de seguros desembolsaron más de cuarenta mil millones de dólares.

Pero las cosas no terminaron ahí. El 11 de septiembre apenas es la punta del iceberg: Boston, California, París, Siria, Kabul, Londres, Líbano, Nigeria, Israel, Afganistán… siguen alargando la lista. Pero ¡atención! Día tras día se cometen ataques terroristas mucho más letales que los que se anuncian en nuestros noticieros. Diariamente estamos expuestos a recibir los embates del peor terrorista del universo: Satanás.

En realidad, todo ataque terrorista es parte integral del plan de Satanás para acabar con la humanidad. A causa de que los poderes del mal no respetan fronteras, todos, sin importar color, edad o sexo, corremos el riesgo de que hagan saltar por los aires nuestra vida en el momento más inesperado. Pedro nos advierte de que nuestro “enemigo el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar” (1 Ped. 5:8, DHH). De improviso, nuestro adversario puede agarrarnos por el cuello, estrujarnos y hacer añicos todo lo que amamos.

¿Y qué hacer a fin de lidiar con el terror que nos ha quitado el sueño? El salmista David comparte con nosotros su experiencia: “Recurrí al Señor, y él me contestó, y me libró de todos mis temores” (Sal. 34:4, DHH).

En medio del terror que impera en el siglo XXI, Jesús es el único que podrá darnos esa “paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender” (Fil. 4:7, DHH). En Jesús, disfrutaremos de paz en medio del terror.

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