Matutina para Adultos | Martes 28 de Noviembre de 2023 | “Destruirá a la muerte para siempre”

“Destruirá a la muerte para siempre”

“Destruirá a la muerte para siempre, y enjugará Jehová el Señor las lágrimas de todos los rostros” (Isaías 25:8).

¿Cómo entiendes esta declaración del Salmo 116:15: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”? ¿Qué significa que la muerte sea “estimada”? ¿Será que Dios siente afecto o aprecio por la muerte de uno de sus hijos? ¿Por qué Dios estima algo que es completamente contrario a lo que él es?

La palabra hebrea yaqar, que se traduce en el Salmo 116:15 como “estimar”, en el Antiguo Testamento también se usa para aludir a algo precioso, hermoso y costoso. La versión Dios Habla Hoy dice: “Mucho le cuesta al Señor ver morir a los que lo aman”. Que el Señor “estima” la muerte de sus hijos significa que “le cuesta mucho”, que él paga un alto precio cada vez que muere uno de sus santos.

A veces solemos ver la muerte como un castigo divino; algo así como la implacable venganza de un Dios que procura darnos una dolorosa lección. Pero no es cierto que el Creador provoca la partida de nuestros seres amados para darnos enseñanzas inolvidables. Cuando uno de sus hijos muere, Dios pierde mucho, mucho, mucho más que cualquiera de nosotros. Esto queda bien demostrado con la muerte de Lázaro, el amigo de Jesús. Tras la llegada del Maestro a la casa de Lázaro, el Evangelio de Juan dice que cuando Jesús vio a María llorando, “y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió”; y luego, el pasaje más corto de la Biblia agrega que “Jesús lloró” (Juan 11:33, 35). Y el versículo 38 subraya: “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro”.

La muerte de Lázaro estremeció, conmovió profundamente a Cristo, y lo hizo llorar, es decir, impactó emocionalmente al Señor en gran manera. Él sufrió juntamente con María y Marta. La muerte hace que Dios también sea sujeto del verbo sufrir. Cuando uno de nosotros muere, las lágrimas humectan el rostro de nuestro Padre celestial, conmocionan su corazón, le estremecen el espíritu, porque “mucho le cuesta al Señor ver morir a los que lo aman”.

Y para no seguir pagando ese precio, muy pronto el Señor cumplirá su promesa y “destruirá a la muerte para siempre, y enjugará Jehová el Señor las lágrimas de todos los rostros” (Isa. 25:8).

Hay un mensaje especial para ti:  Jueves 27 de Octubre de 2022 | Matutina para Adultos | Él se deja encontrar
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