Matutina para Adultos | Miércoles 19 de Febrero de 2025 | Oraciones con límites

Matutina para Adultos | Miércoles 19 de Febrero de 2025 | Oraciones con límites

Oraciones con límites

«Cuando llegaron a donde estaba la gente, se le acercó un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: «Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático y sufre muchísimo, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Lo he traído a tus discípulos, pero no lo han podido sanar». […] Entonces reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquella hora. Se acercaron entonces los discípulos a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?» Jesús les dijo: «Por vuestra poca fe»» (Mat. 17: 14-20).

Una de las realidades más dolorosas de nuestra condición humana es nuestra incapacidad para vencer el mal por nuestras propias fuerzas. Quisiéramos que la oración fuese como un talismán que nos permitiese obrar milagros, y nos aferramos a la palabra de Jesús de que si tuviésemos suficiente fe nada nos sería imposible (Mat. 17: 20) para recriminarnos nuestra incredulidad.

Los discípulos han sido incapaces de aliviar la crisis de un chico que sufría fuertes convulsiones. El diagnóstico del muchacho es tan problemático que el padre lo considera, sin duda como su entorno, «lunático», es decir, alguien que padece algún tipo de locura temporal que le hace comportarse de manera cambiante y desconcertante. Jesús, para curarlo, increpa al demonio, quizá para dejar claro a sus discípulos que para vencer ciertas formas del mal se requiere la intervención divina. Los discípulos han querido sanar al joven por su propio poder. Pero está claro que por su propio poder el ser humano no puede acabar con el mal del mundo. La esperanza de muchos humanistas es admirable, pero es una ilusión. Jesús no comparte su excesivo optimismo acerca de la bondad inherente de la naturaleza humana.

Por eso Jesús sitúa la intervención humana en el plano de la fe. Y la fe que predica comporta, ante todo, la confianza en que Dios va a resolver un día, y de una vez por todas, lo que nosotros ahora no podemos resolver por nosotros mismos.

Al final del relato, Jesús dice a sus discípulos: » Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais desplazar montañas».

Con estas palabras nos recuerda la importancia esencial de nuestra relación con Dios: que, aunque comience muy tímida y pequeña, se mantenga viva y crezca.

Señor, protege mi escasa fe. Por tu poder, permite que eche raíces y se vaya convirtiendo, como en la parábola, en un árbol capaz de quebrantar con su fuerza mis montañas de problemas.

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