Matutina para Adultos | Miércoles 26 de Abril de 2023 | “¡Aquí estoy, aquí estoy!”

“¡Aquí estoy, aquí estoy!”

“Yo me dejé buscar por aquellos que no preguntaban por mí y fui hallado por aquellos que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: ‘¡Aquí estoy, aquí estoy!’ ” (Isaías 65:1).

Con la humanidad extrema que caracteriza sus escritos, el poeta uruguayo Mario Benedetti dijo: “Pienso a veces en Dios / bueno no tantas veces / no me gusta robar / su tiempo / y además está lejos”.⁸⁴ ¿Cuántos de nosotros hemos sentido lo mismo?

Lo primero que se desprende de lo dicho por Benedetti es que los afanes del diario vivir, junto con haber desterrado al Señor de nuestra mente, han hecho de nosotros personas consumidas y deplorables, cuyos pensamientos continuamente están centrados en la iniquidad: “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (Sal. 10:4). Esa es nuestra desaforada costumbre. Lo segundo que forma parte intrínseca de nuestra humanidad es que excusamos nuestro descuido espiritual bajo el pretexto de que Dios está tan ocupado que no tiene tiempo suficiente para ocuparse de diminutas criaturas como nosotros. Lo tercero es que pensamos que nuestro Padre es un ser distante, que vive muy alejado de nosotros. Entonces… si no pensamos en Dios, si creemos que él no tiene tiempo para nosotros y que el abismo que nos separa de él es insalvable, ¿qué nos queda?

Por suerte, el Dios de la Biblia es muy distinto al “dios” al que alude Benedetti. El profeta Isaías nos recomienda: “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo, llámenlo mientras está cerca” (Isa. 55:6, DHH). El Salmo 145 repite la misma idea cuando afirma: “Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente” (vers. 18, BP). Moisés le aseguró al pueblo: “¿Qué gran nación hay en la que su dios esté tan cerca como el Señor lo está de nosotros, que viene cuando le pedimos ayuda?” (Deut. 4:7, PDT). ¡Dios está cerca, Dios tiene tiempo para oírnos, Dios sale a nuestro encuentro cuando le pedimos ayuda! Incluso está cerca y se deja encontrar por gente que no lo anda buscando, porque él no disfruta estar distanciado de sus hijos: “Yo me dejé buscar por aquellos que no preguntaban por mí y fui hallado por aquellos que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: ‘¡Aquí estoy, aquí estoy!’ ” (Isa. 65:1).

No pongamos excusas para justificar nuestro alejamiento del Señor, abramos nuestros sentidos y escuchemos su voz diciéndonos: “¡Aquí estoy, aquí estoy!”

84 Mario Benedetti, El amor, las mujeres y la vida (Madrid: Santillana, 2009), p. 24.

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