Matutina para Jóvenes, Martes 06 de Julio de 2021

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Sería todo tan distinto

“Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones” (2 Cor. 3:3, NVI).

Con el coro Musicap (de la Universidad Adventista del Plata, Argentina) hemos recorrido innumerables pueblos y ciudades compartiendo el mensaje de esperanza a través de la música, y también haciendo promoción de la Universidad en varios países. La gente siempre nos recibe de forma muy amorosa. Las iglesias, con total hospitalidad, nos proveen un lugar para descansar y algo para comer, y sentimos cómo Dios nos bendice muchísimo al realizar esta labor de la que tanto disfrutamos.

Tenemos la oportunidad de conocer a muchos hermanos de iglesia y compartir experiencias con ellos que nos animan y unen en la fe, a pesar de los diferentes lugares de proveniencia.

La música tiene el poder de tocar los corazones con sus mensajes, y en cuatro minutos que llevan horas de ensayo, vemos cómo el Espíritu Santo conmueve la vida de las personas en una forma que nosotros jamás podríamos hacerlo.

Como durante los conciertos mucha gente se queda preparándonos la comida y se pierde la presentación, tenemos la costumbre de cantar un par de canciones para ellos después.

Hay una que cantamos siempre, sin excepción. Es una canción a cappella compuesta por el maestro Denny Luz, nuestro director. La letra nos lleva a reflexionar en cuán diferentes serían las cosas con Cristo, cuánto tendríamos para compartir y cuánto notarían los demás que él vive en nosotros. “No habría ofensas ni mentiras. Solo habría amor”, dice una parte. Además, habla de cómo el Espíritu Santo es el que transforma nuestro ser y, por medio de su poder, puede cambiar tu vida también. Tiene una melodía muy dulce y solemne, y es breve, así que es ideal para esas ocasiones.

La hemos cantado en plazas, catedrales, centros comerciales y restaurantes repletos de personas, en salas de hospitales y en cualquier rincón donde podamos amontonarnos un poquito.

Seguramente en tu iglesia o con tu grupo de amigos pueden ponerse de acuerdo alguna tarde y salir a compartir música a lugares como estos. La gente nunca lo espera y el factor sorpresa juega muy a favor.

Tenemos una poderosa herramienta para predicar y, con nuestras vidas como cartas vivas, podemos presentar un mensaje de parte de Dios al mundo.

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