Matutina para Jóvenes | Martes 21 de Mayo de 2024 | La batalla de Waterloo

La batalla de Waterloo

«Le harán la guerra al Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con él son sus llamados, sus escogidos y sus fieles» (Apocalipsis 17: 14, NVI).

Un negociante francés, radicado en Londres, deseaba la ciudadanía británica. Muchos de sus amigos se reían amablemente de sus deseos.

—¿Cuál sería la diferencia? —le preguntaban—. Eres francés, y has estado aquí por años. ¿Para qué quieres la ciudadanía británica ahora?

Pero él se mantuvo firme en su propósito y después de mucho tiempo, y venciendo muchos obstáculos, finalmente recibió la noticia oficial de que había sido aceptado como ciudadano británico. Sus amigos se reunieron alrededor de él ese día y le preguntaron:

—¿Te sientes diferente ahora? Eres el mismo hombre, estás en el mismo negocio, y vives en la misma ciudad. Todas las cosas son exactamente las mismas. ¿Qué te ha aportado la ciudadanía?

—La diferencia estriba en esto —replicó el nuevo súbdito británico—. ¿Recuerdan la batalla de Waterloo, en la que los franceses, comandados por Napoleón Bonaparte, fueron vencidos por los ingleses, a cargo el duque de Wellington? Ayer yo era francés, por ende para mí Waterloo era una derrota; pero hoy soy británico y la puedo contar como una victoria.

No se trata de lo que nosotros podemos hacer, sino del bando en el que estamos. A veces pensamos que la batalla espiritual que enfrentamos es una lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo. Incluso podríamos citar pasajes bíblicos para defender esa posición, como Efesios 6: 10-20. Pero la realidad es que del mismo modo que el negociante francés reclamaba la victoria de Waterloo sin haberla peleado, nuestro deber ante Dios es mantenernos del lado del vencedor: Cristo Jesús.

En palabras de Lutero: «Cuando me miro a mí mismo, no veo posibilidad de ser salvo. Cuando miro a Jesús, no veo posibilidad de perderme». Jesús es el verdadero vencedor, que peleó cuerpo a cuerpo con el enemigo y nos otorga la victoria por gracia mediante la fe en su sacrificio. Aquellos que le han aceptado son «sus llamados, sus escogidos y sus fieles» que vivirán con él por toda la eternidad. ¿Has hecho arreglos para ser del bando vencedor y dar la bienvenida a Jesús cuando venga por segunda vez? Todavía estás a tiempo de conseguir la ciudadanía celestial.

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