Matutina para Jóvenes | Miércoles 10 de Mayo de 2023 | Efectos colaterales

Efectos colaterales

Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Génesis 12:3.

Hablar de las bendiciones de Dios es un tema complicado. No lo es en el sentido de que Dios nos ama y desea lo mejor para nosotros. Tampoco en el sentido de que nos bendice mucho más de lo que nosotros percibimos. Lo es en el sentido de que no siempre entendemos lo que es una bendición o no. Así suele suceder cuando pedimos algo y no se nos concede en el tiempo y la forma que habíamos planificado. También sucede cuando interpretamos que las cosas nos van mal y, en cambio, los otros, los que “no se lo merecen”, disfrutan de éxito, de poder, de posesiones.

En la vida de Abraham pareciera que el asunto no era tan difícil porque, se entendieran o no las bendiciones, no se cuestionaba a Dios. Los problemas de comprensión no eran problemas de fe. Hoy pretendemos que se nos explique todo, y si la explicación no alcanza los límites de nuestro razonamiento es porque todo anda mal. Pues no, no es así. Hay muchas cosas que no comprendemos ahora que serán clarificadas un día. Hay una cita de Elena de White con relación a este tema que debes incorporar en tu vida porque hace mucho bien: “Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían, si desde un principio pudieran ver el desenlace, y discernir la gloria del designio que están cumpliendo como colaboradores de Dios. Todo lo que nos ha dejado perplejos de las providencias de Dios nos será aclarado en el mundo futuro. Las cosas difíciles de entender entonces encontrarán explicación. Los misterios de la gracia se revelarán ante nosotros. Donde nuestra mente finita descubrió solo confusión y promesas quebrantadas, veremos la armonía más bella y perfecta. Conoceremos que el amor infinito prescribió las experiencias que parecieron más angustiosas” (Dios nos cuida, p. 73).

Es interesante que, mientras llega ese momento de la comprensión, seguimos siendo agentes de bendición. Abraham fue un hombre de bien, y cualquiera que se le acercaba, porque se sentía a gusto a su lado, era bendecido. Ser buena gente crea cadenas de bondad. No era nada mágico, era bien natural. Se llevaban correctamente en familia y tenían asociaciones estables. Cuidaban su ganado y este, como es normal, crecía.

Eran honestos y, por lo tanto, gente confiable con la que comerciar. Cuando vivimos con Dios generamos bendiciones. Son efectos colaterales de la fe que no siempre se entienden, pero que hacen mucho bien.

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