Matutina para Mujeres | Miércoles 21 de Junio de 2023 | El Salmo restaurador – 2a parte

El Salmo restaurador – 2a parte

No tendré miedo aunque todo un ejército me rodee. Confiaré en Dios aunque me declaren la guerra. Salmo 27:3, PDT.

El padre de una familia que contacté mientras colportaba, tenía un cáncer terminal y decidí ir a visitarlo. En esa visita, me contó el resto de la historia. Él había llevado el mensaje a su familia y había organizado varias iglesias, pero me confesó que cuando yo había contactado a su familia la primera vez, él se llenaba de ira y celos. Había decidido exterminarme con un machete, pero algo le impedía hacerlo. Me pidió perdón y se despidió con las siguientes palabras:

—Voy a morir, pero va a ser un placer ver cuando Jesús coloque en tu frente una estrella por cada alma ganada. ¿Qué vas a hacer con tantas estrellas?

—Se las entregaremos a Jesús —respondí.

“Transitamos por terreno del enemigo. Hay enemigos a cada paso dispuestos a impedir nuestro avance. Odian a Dios, a sus seguidores y a quienes llevan su nombre. Pero los que son nuestros enemigos también son enemigos del Señor y, aunque son fuertes y astutos, el Capitán de nuestra salvación que nos dirige, los puede derrotar” (CT, p. 92). Este hermano ya no era un enemigo de Dios, se había convertido en un devoto cristiano. En mi visita antes de su muerte, se levantó de la cama y me dijo: “Usted sin palabras me enseñó que los cristianos mueren de pie. Nos veremos debajo del árbol de la vida”.

“Debemos orar porque Dios derrame luz en la mente entenebrecida y consuele al corazón entristecido. Pero Dios responde a la oración hecha en favor de quienes se colocan en el canal de sus bendiciones. Al par que rogamos por estos apenados, debemos animarlos a que hagan algo en auxilio de otros más necesitados que ellos. Las tinieblas se desvanecerán de su corazón al procurar ayudar a otros. Al tratar de consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido, la bendición refluye a nosotros” (MC, p. 198).

Lo que el enemigo quería convertir en un homicidio, Dios lo transformó en ríos de bendiciones. “El Señor es bueno, y su misericordia es eterna. Alabaré al que es la luz de mi rostro y mi Dios.

Él es la fuente de toda eficiencia y poder. ¿Por qué no lo alabamos hablando palabras de esperanza y consuelo a otros? ¿Por qué están silenciosos nuestros labios?” (AFC, p. 218). ¡Alaba a Dios por las veces que te ha librado del enemigo!

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