Miércoles 05 de Octubre de 2022 | Matutina para Menores | Pequeños y necesarios

Pequeños y necesarios

“Vosotros sois la sal de la tierra” (Mateo 5:13 p.p.).

Solemos pensar que las cosas importantes son las grandes que se hacen notar… Pero Jesús, nuestro mejor ejemplo de humildad, nos compara con un elemento de la naturaleza pequeñito, y que se usa en pocas cantidades, pero que influye en gran manera: la sal. Aunque hoy la sal es muy barata, en la época de Jesucristo era escasa y, por lo tanto, muy valiosa. A veces a los soldados romanos se les pagaba con sal. El Señor comparó a sus discípulos con la sal, dando a entender lo importantes que eran.

Cuando aún no existían los refrigeradores, hace muchos años, se utilizaba la sal para preservar los alimentos. Si hubieses vivido en esa época le habrías puesto gran cantidad de sal a los alimentos para que no se echaran a perder. Cuando pensamos en conservación, la Biblia nos dice que somos la sal, que es la encargada de que la Palabra de Dios, el alimento espiritual, no se pierda. Debe ser conservado en cada familia, de generación en generación.

Además, la sal también cura las heridas, y como sal de la tierra es nuestra obligación llevar la Biblia que puede sanar y curar las heridas del alma. Eres sal; por eso, procura producir sed, para luego llevar a tus amigos al Agua de vida: Jesús. La sal es pura, no permite gérmenes. Así, todo hijo de Dios debe mantenerse puro con la ayuda de Jesús.

La sal también sazona los alimentos y así realza su sabor. ¿Qué sucede cuando mamá o papá olvidan ponerle sal a la ensalada? ¿Y qué sucede si se exceden y le ponen de más? Pero en su justa medida, ¡qué deliciosos quedan los alimentos!, ¿verdad? Los cristianos fuimos llamados a mezclarnos y así dar “sabor” a la vida de las personas.

Tú y yo somos sal para ponerle el toque de sabor a este mundo. Puedes ser sal en tus conversaciones con tus amigos y familia, teniendo el toque de prudencia, pronunciando la palabra positiva que sea de bendición; puedes ser sal con tus actitudes, ofreciendo una sonrisa o dando una palabra de aliento o gratitud que le alegrará el día a quien la otorgues.

Puedes ser sal demostrando con un espíritu humilde que eres diferente, que en ti reina Dios, que confías en él para todo. ¡Tú eres sal para dar sabor a vida! Procura despertar la sed de Dios entre quienes te rodean.

Mirta

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