Miércoles 07 de Diciembre de 2022 | Matutina para Adolescentes | El primer estado de los Estados Unidos

El primer estado de los Estados Unidos

“El tribuno se jactó: ‘¡A mí me costó mucho dinero adquirir la ciudadanía!’ Pero Pablo le respondió: ‘Yo soy romano de nacimiento’ ” (Hechos 22:28, RVC).

La Guerra de la Independencia estadounidense había terminado. La Fiesta del Té de Boston había terminado, y también la famosa cabalgata de Paul Revere. Los firmantes de la Declaración de la Independencia se habían reunido y ocupado de sus asuntos. Nathan Hale había inspirado a todo el mundo con sus inmortales palabras: “Lamento no tener más que una vida que dar por mi país”. George Washington había pasado su famoso invierno en Valley Forge. El general Cornwallis y su ejército se habían rendido.

Y ahora que todo había terminado, era hora de ponerse a hacer planes sólidos para el futuro de los Estados Unidos de América. Aunque trece colonias formaban parte del nuevo territorio organizado, era necesario que se registraran oficialmente como estados, así como tuvieron que hacer los otros 37 estados que luego fueron uniéndose a la nación. Y Delaware fue el primero en dar el paso: el 7 de diciembre de 1787, la Constitución de los Estados Unidos fue ratificada por unanimidad por los treinta delegados que asistieron a la Convención Constitucional de Delaware. Ese acto convirtió a Delaware en el primer estado oficial de la futura potencia mundial. Hoy, Delaware es el primero en muchos aspectos.

La primera cabaña de los Estados Unidos fue construida en Delaware por los colonos finlandeses en el siglo XVII. La primera línea de ferrocarril de vapor se inició en New Castle, Delaware, en 1831. La famosa bandera de Betsy Ross ondeó por primera vez en la batalla de Cooch’s Bridge, cerca de Newark, ­Delaware. La sartén más grande de los Estados Unidos se construyó allí en 1950 para ser usada en el Festival del Pollo de Delmarva (medía tres metros de diámetro, le cabían 680 litros de aceite y podía freír 800 cuartos de pollo a la vez). Y luego está Thomas Garrett, el mayor defensor del Underground Railroad [recorrido clandestino organizado para llevar al Norte esclavos sureños que se escapaban]. Garrett perdió la fortuna de su vida en la batalla contra la esclavitud y ayudó a más de 2.000 esclavos fugitivos a desplazarse hacia el norte en la parada que el Underground Railroad tenía en Delaware, que era muy importante.

Al igual que el centurión romano de nuestro versículo de hoy, muchos de los primeros norteamericanos ayudaron a comprar las libertades que tanto se aprecian. Al igual que Pablo, deberíamos estar muy agradecidos de haber porque, independientemente del lugar en el que nacimos, Jesús murió para que pudiéramos ser libres del pecado. Amén.

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