Miércoles 12 de Enero de 2022 | Matutina para Adultos | Dios de lo imposible

Dios de lo imposible

«El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: «Esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré»». Salmos 91; 1-2

¿QUÉ PUEDES HACER CUANDO UNA PERSONA que vive bajo tu techo ha perdido el deseo de vivir?

Esa situación la tuvo que enfrentar Sudha cuando María, una amiga a quien no había visto desde hacía 16 años, se presentó en su casa una noche y le pidió que cuidara de Tina, su hermana, quien había tratado de suicidarse. El problema se com­plicó para Sudha porque María nunca regresó por su hermana.

¿Qué hizo Sudha, entonces? No tenía ninguna experiencia sobre cómo mane­jar un caso tan delicado, y en su pueblo no había personal especializado para brin­dar ayuda a personas con tendencias suicidas. Así que Sudha se limitó a orar por Tina, y a leerle porciones de la Escritura. Poco a poco logró que comiera, y finalmente lo­gró que hablara.

—Nunca debí haber nacido —fue lo primero que dijo Tina.

Su padre no la quería porque él siempre había deseado un hijo varón. Ade­más de rechazarla, también la agredía física y emocionalmente. Para escapar de ese infierno, Tina se involucró en el mundo de las drogas.

Ahora le tocaba a Sudha inspirar en esta joven, de unos veinte años, el deseo de vivir. Un día logró convencerla de recibir ayuda psiquiátrica en otra ciudad. Para ello viajaban unos setenta kilómetros, tres veces por semana, pero cuando todo parecía marchar bien, Tina no quiso volver. La situación tocó fondo un día en que la encontró en la cocina de la casa bañada en gasolina con una caja de fósforos en su mano. Cuando Sudha logró persuadirla para que no se prendiera fuego, Tina gritó:

—¿Por qué no me dejas morir, tonta? ¡Esta es mi vida!

La luz al final del túnel un día brilló mientras Sudha leía en voz alta el Salmo 91. Para su sorpresa, Tina le pidió que lo leyera de nuevo. En poco tiempo, el Sal­mo 91 se convirtió en el caballo de batalla de Tina, al cual acudía cada vez que se sentía desfallecer en la lucha contra sus adicciones.

«Después de un año de intensa lucha —escribió Sudha—, Tina logró la victoria sobre las drogas. En los dos años siguientes, ya hablaba de lo mucho que Jesús significaba en su vida». Un año más tarde, ya había conseguido un trabajo estable.*

¿Exagero si digo que nuestro Dios se especializa en casos imposibles; y que su Palabra es poderosa para traer esperanza a los corazones que están a punto de desfallecer?

Hoy te alabo, Señor, porque eres un Dios poderoso; porque te interesas personalmente en el bienestar del más pequeñito de tus hijos, y especialmente porque también cuidas de mi.

*Sudha Kristmukti, «The god of Imposslble Causes», en Adventist Review, 12 de enero de 2012, pp. 26-27

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