Miércoles 22 de Junio de 2022 | Matutina para Adultos | El gran centro

El gran centro

“Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios” (1 Juan 4:7).

¿Te has preguntado alguna vez cómo pudo crecer la amistad de David y Jonatán a pesar de existir tantos factores en su contra?

A Jonatán le correspondía ser el sucesor al trono de Saúl, su padre. Pero fue a David a quien Dios escogió para reinar sobre su pueblo. Este solo hecho habría amargado a cualquier otro, pero no a Jonatán. Además, Saúl odiaba a muerte a David. ¿No habría sido esta una buena razón para que Jonatán viera con buenos ojos que se eliminara a David, y así tener despejado el camino al trono de su padre? Pero nada de esto pasaba por la mente de Jonatán. Todo lo contrario. Su aprecio hacia David llegó a ser tan noble, que una vez, mientras David huía de la ira de Saúl, Jonatán le dijo: “No temas [David], pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo” (1 Sam. 23:17).

¡Qué espíritu tan noble! A Jonatán no le importaba ser el segundo del reino, si el primer lugar lo ocupaba su amigo David. Ciertamente, esta actitud no era la más popular entonces, como tampoco lo es ahora. Porque ¿quién quiere ocupar el segundo lugar? ¿De dónde surge, entonces, este grado de lealtad entre ellos? Es muy probable que la lealtad que sostenía esa hermosa amistad fuera en gran medida el producto de lo mucho que cada uno de ellos amaba a Dios.

Las palabras de este autor tienen sentido. En verdad, en medio de tanto conflicto a su alrededor, ¿de qué otra manera pudo haber sobrevivido esa amistad? Tanto David como Jonatán amaban profundamente a Dios, ¡razón por la cual no podía haber envidia ni celos entre ellos!

Esta es una lección digna de tener en cuenta al relacionarnos unos con otros: ninguna amistad puede crecer –como tampoco ningún matrimonio o noviazgo– si cada una de las partes no busca personalmente a Dios. Esto es precisamente lo que dice nuestro texto de hoy: todo aquel que ama “conoce a Dios”.

¿Podemos imaginar todo lo bueno que ocurriría en nuestras relaciones personales si, por separado, cada quien busca a Dios? ¿Y qué decir de nuestros hogares? Demos a Cristo el lugar central, y al acercarnos a él nos estaremos acercando unos a otros.

Bendice, Padre celestial, a los seres que más quiero en esta vida. Que cada uno pueda buscarte por separado diariamente, y así podamos encontrarnos en el gran centro, el Señor Jesucristo.

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