Sábado 16 de Abril de 2022 | Matutina para Adultos | “El Señor los necesita”

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“El Señor los necesita”

“Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al Monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: ‘Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y en seguida hallaréis una asna atada y un pollino con ella. Desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle: El Señor los necesita, pero luego los devolverá’ ” (Mateo 21:1-3).

Lo que más llama mi atención de este pasaje es lo que un autor llama “el uso no común que Dios da a lo común” (Max Lucado, And the Angels Were Silent. The Final Week of Jesus, p. 55.). ¿Qué quiere decir? Pues, ¿puede haber algo más común, más “ordinario” que una bestia de carga? Aun así, fue a uno de esos animales que el Rey escogió para hacer su entrada triunfal en Jerusalén.

Pero no es solo el pollino. Es larga la lista de “cosas ordinarias” que en la Escritura se usan como medios para cumplir los propósitos de Dios: la vara de Moisés, el cordón de grana que Rahab ató a la ventana para señal a los israelitas, la honda que David usó para matar a Goliat, la quijada de asno que Sansón usó para matar a mil filisteos, el pesebre donde el Niño durmió, el almuerzo de un jovencito que Jesús multiplicó, la cruz donde Jesús murió…

¿Captamos la idea? La lista es tan extensa que bien podríamos construir algo así como una Galería de lo Ordinario. Todo lo cual nos lleva a la siguiente pregunta: si Dios puede usar cosas tan ordinarias para lograr resultados extraordinarios, si puede incluso convertir una cruz de tortura en un instrumento de salvación, ¿no podría también usar nuestros talentos ordinarios para hacer maravillas en su nombre? ¿No podría él, además, usar hoy nuestros pequeños actos de servicio –un vaso de agua al sediento, un bocado de pan al hambriento, una visita al enfermo– para su honra y gloria?

El mensaje está claro: no importa si nuestros talentos son pocos o muchos, si nuestras capacidades son ordinarias o extraordinarias, o si nuestros recursos son escasos o abundantes, el punto es que el Señor los necesita, y hoy es nuestro privilegio usarlos en su servicio.

“La pregunta que más nos debe interesar no es: ‘¿Cuánto he recibido?’, sino: ‘¿Qué estoy haciendo con lo que tengo?’ ” (Palabras de vida del gran Maestro, p. 264).

Amado Jesús, sé que no poseo talentos ni recursos extraordinarios, pero si los necesitas, úsalos, Señor, de acuerdo a tu voluntad y para tu gloria. ¡No hay mayor privilegio que poder servirte!

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