Viernes 05 de Agosto de 2022 | Matutina para Adolescentes | Luz ¡Para!

Luz ¡Para!

“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbreraa mi camino” (Salmo 119:105, RVR 95).

¿Cómo habrá sido trasladarse en una calesa o en una carreta por una calle concurrida de la ciudad en los viejos tiempos? ¿Y qué hay de los tranvías, los caballos, las bicicletas y la gente caminando? ¿Cómo evitaba todo el mundo chocar y atropellar a los demás? En aquella época no había semáforos ni líneas en la carretera que indicaran cuándo tomar qué camino.

Debía haber sido todo un desafío mantener a todo el mundo yendo en la misma dirección y en el mismo lado de la calle. ¿O es lo que hacían? ¿Se mantenía el tráfico en sentido contrario por la izquierda (o la derecha, dependiendo del país)?

¿Los vehículos pequeños cedían el paso a los grandes? Debe de haber sido un caos.

Cuando los accidentes y el tráfico empezaron a aumentar con la invención de los automóviles, pronto se hizo evidente que se necesitarían algunas normas de circulación. El 5 de agosto de 1914, se instaló el primer semáforo en ­Cleveland, Ohio, Estados Unidos, en el cruce de la Avenida Euclid y la Calle 105 Este. A algunos no les gustó; pero la medida, probablemente, hizo que las cosas estuvieran más organizadas en las concurridas calles de Cleveland.

Hoy en día, los semáforos indican a los transeúntes cuándo deben avanzar y cuándo deben detenerse. El semáforo más común es el de tres luces: verde, amarilla y roja. Verde para avanzar, amarillo para precaución y rojo para detenerse.

¿Qué otros tipos de semáforos tenemos en nuestras carreteras? Luces de giro a la izquierda y a la derecha, luces de paso de peatones, señales de paso de ferrocarril, luces intermitentes en las señales de construcción. Y luego están las luces en movimiento: las luces con sirena chillona de los coches de policía, las ambulancias y los camiones de bomberos. Y por supuesto, los vehículos motorizados también vienen con luces que nos ayudan a mantener la seguridad en el tráfico. Los focos delanteros y traseros; las luces de freno, de marcha atrás y las intermitentes; y el foco antiniebla.

El Salmo 119 nos recuerda que la Palabra de Dios es una lámpara para nuestros pies y una luz en nuestro camino. Sirve de luz guía a todos los que caminan por el áspero y rocoso camino hacia el cielo. Como un faro, ofrece una guía a los barcos que viajan demasiado cerca de las costas rocosas de la tragedia espiritual.

Al igual que las señales de tránsito, debemos alzar nuestras luces, nuestra fe y confianza en Dios, para que los demás puedan divisar a nuestro Padre que está en el cielo. Nuestro ejemplo puede ser lo que anime a alguien a iniciar su viaje hacia Jesús para aceptarlo como su Salvador.

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