Viernes 09 de Diciembre de 2022 | Matutina para Adultos | La doble inscripción

La doble inscripción

“A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues está sellado con esta inscripción: ‘El Señor conoce a los suyos’, y esta otra: ‘Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor’ ” (2 Timoteo 2:19, NVI).

Se cree que el apóstol Pablo escribió las palabras de nuestro texto de hoy a Timoteo mientras se encontraba encarcelado en Roma, por segunda vez. Por su parte, el joven Timoteo era el pastor de la iglesia de Éfeso. Aunque Pablo no había sido condenado a muerte, de alguna manera sabía que el tiempo de su partida estaba cercano (ver 2 Tim. 4:6). ¿Qué podría decirle el anciano apóstol a su “hijo espiritual” que le fuera de utilidad en su ministerio?

Entre tantas valiosas enseñanzas, Pablo le dice a Timoteo que la iglesia de Dios tendrá que enfrentar innumerables desafíos, pero que no caería. Y la razón por la que no caería es esta: “El fundamento de Dios está sellado con una doble inscripción”.

¿Qué quiere decir el apóstol? Para entender las palabras de Pablo, primero hemos de tener en cuenta la imagen que usa: la de un sello. Tal como señala Charles Bradford, en tiempos del Imperio romano todo edificio público estaba “sellado” con una inscripción que la identificaba como propiedad del Estado. El sello, por lo tanto, indicaba propiedad, autenticidad. Por otra parte, cuando el apóstol dice que “el fundamento de Dios está sellado con esta inscripción”; muy probablemente está haciendo alusión a las dos caras de una moneda. Por un lado, diría: “El Señor conoce a los suyos”. Por el otro: “Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor”. Dicho de otra manera, la doble inscripción habla, por un lado, de pertenencia: “Somos propiedad de Dios”. Por el otro, de santidad: “Hemos de ser santos como él es santo” (The Abundant Life Bible Amplifier. Timothy & Titus, p. 132).

Así es. El fundamento de Dios está firme porque él conoce a sus santos. En una época en la que “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16) nos invitan constantemente a mancharnos, cuán importante es recordar la doble inscripción: “Pertenecemos a Dios”. “Hemos de conservarnos puros y santos para él”. Las dos van juntas. ¿Puede alguien separar lo que ha unido Dios?

Bendito Padre celestial, hoy te reconozco como mi Señor y mi Dios. Te pertenezco, y quiero aprender a amar todo lo que es puro y santo.

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