Viernes 26 de Agosto de 2022 | Matutina para Menores | Frutos de excelencia

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Frutos de excelencia

“Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera” (Salmo 1:3).

¿Cuál es la fruta que más te gusta? A mí me gustan todas las frutas, pero el mango ¡me encanta! Es una fruta exquisita, jugosa y con mucha pulpa de delicioso sabor. Pero lo mejor del mango no es solo su sabor, sino que es una excelente fuente de nutrientes. Ayuda al organismo por su efecto antioxidante y sus vitaminas, beneficios para la piel y fácil digestión. Los mangos no tienen colesterol, ni un gramo de grasa, ni una pizca de sal.

El mango no crece en todos los países, pero este año me tocó vivir en uno donde los hay en abundancia, y no puedo resistirme a disfrutar un plato lleno de cuadritos de mango casi todos los días. Para mí, ¡es un fruto excelente! ¿De dónde provienen los mangos? Todos son cosechados de árboles de mangos que han sido cuidados y regados con abundante agua. ¿Qué pasaría si el árbol nunca recibe agua? Exactamente; un árbol sin agua, es un árbol muerto, y un árbol muerto no puede producir vida. No crece, no le salen hojas y peor aún, no da ninguna clase de frutos. ¡No sirve para nada!

Jesús contó de un hombre que tenía un árbol de higos, pero no producía frutos. Esperó tres años, pero la higuera no produjo nada. Llamó al cuidador de la higuera y le dijo: “¡Córtala!” El cuidador solicitó una oportunidad más para el árbol, para en un año más cuidarla mejor, y hacer una zanja alrededor para echarle más agua. Si al final de este tiempo no daba frutos, entonces la cortaría. El dueño accedió (Luc. 13:6-9).

Dios nos ha “sembrado” en esta tierra y espera que produzcamos excelentes frutos. ¿Cuáles? Amar a nuestro prójimo y a su creación. Estar siempre gozosos y no ser renegones. Tener la conciencia tranquila, la paz de Dios en el corazón. Ser pacientes con nuestros amigos y hermanos. Destilar bondad y gentileza por dondequiera que vayamos. Vivir nuestra fe.

Ser humildes y practicar la templanza y el control de nuestras emociones en todo momento. Si no produces frutos de excelencia todavía, al igual que el dueño de la finca, Dios está dispuesto a darte otra oportunidad.

¿Cuál es el secreto? Nuestro versículo nos lo recuerda: ser como el árbol plantado junto a corrientes de agua de vida, que es Jesús. Así, todo lo que hagas será prosperado y podrás convertirte en alguien con una vida llena de frutos de excelencia.

Magaly

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