No hurtarás. Éxodo 20:15.
Esta prohibición incluye tanto los pecados públicos como los privados. El octavo mandamiento condena el robo de hombres y el tráfico de esclavos, y prohíbe las guerras de conquista. Condena el hurto y el robo. Exige estricta integridad en los más mínimos pormenores de los asuntos de la vida. Prohíbe la excesiva ganancia en el comercio, y requiere el pago de las deudas y de salarios justos. Implica que toda tentativa de sacar provecho de la ignorancia, la debilidad, o desgracia de los demás, se anota como un fraude en los registros del cielo.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 317.
El octavo mandamiento debe rodear el alma con una barricada, y cercar al hombre para que no haga incursiones perjudiciales en los derechos de sus semejantes, impulsado por el egoísmo y el deseo de obtener ganancia. Prohíbe toda clase de deshonestidad, injusticia o fraude, no importa cuánto prevalezca, no importa cuán disminuida esté su gravedad por pretensiones aparentemente plausibles.—Carta 15, 1895.
“No hurtarás” fueron palabras escritas por el dedo de Dios sobre las tablas de piedra, ¡y no obstante cuántos ocultos robos de afectos se llevan a cabo y se excusan! Se emprende un noviazgo engañoso, se mantienen relaciones ocultas, hasta que los afectos de la inexperta, que no sabe hasta qué punto pueden llegar esas cosas, son en cierta medida enajenados de sus padres para ser puestos sobre aquel que por su misma conducta se está manifestando indigno del amor de ella. La Biblia condena toda clase de deshonestidad, y demanda rectitud en toda circunstancia.—Fundamentals of Christian Education, 102.
Jugar con los corazones es un crimen no pequeño a la vista de un Dios santo.—El hogar adventista, 48 (1894).*
*3—S.A.D.
Libro: Hijos e Hijas de Dios | Fecha: 26 de febrero

