Domingo 11 de Septiembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Verdadera ambición

Verdadera ambición

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor. 2:9).

Cuando Dios nos pide que renunciemos a un sueño o a una posesión, en realidad nos está ofreciendo que la intercambiemos por algo mucho más grande. Cuando Jesús le pidió al joven rico que vendiese todo y lo siguiera, en realidad le estaba ofreciendo una riqueza mayor; riqueza que haría estallar las paredes de la bóveda de cualquier banco por la abundancia. El problema del joven rico era que le faltaba verdadera ambición. Se conformó con demasiado poco.

En El peso de gloria, C. S. Lewis, teólogo y escritor inglés, describió nuestra falsa ambición de la siguiente manera: “Parecería que nuestro Señor considera nuestros deseos no demasiado fuertes, sino extraordinariamente débiles. Somos criaturas endebles. Nos divertimos con la bebida, el sexo y la ambición, e ignoramos el goce infinito que se nos ofrece; como un niño ignorante empeñado en seguir haciendo pasteles de barro en un barrio pobre, porque no puede imaginar qué significa la oferta de ir de vacaciones junto al mar. Somos muy fáciles de contentar”. Dios quiere darnos mucho más de lo que podemos imaginar. Sin embargo, para recibir lo que nos ofrece, a veces debemos soltar lo que tenemos en las manos: nuestros pasteles de barro. El músico cristiano Michael Card explica este proceso en su canción “The things we leave behind” (Las cosas que dejamos atrás): “Es difícil imaginar cómo nos libera dejar las cosas atrás”. Cuando soltamos los sueños que creíamos que nos darían felicidad e identidad, encontramos libertad en Cristo.

Cuando Jesús nos invita y dice: “¡Suéltalo!” a menudo parece un inmenso sacrificio, no una bendición. En esos momentos necesitamos verdadera ambición. El joven rico se conformó con poco; con una vida en la que su identidad dependía de sus riquezas. Pero Jesús quiere que seamos libres de todos nuestros ídolos. Por eso, nos invita: “¿Estás dispuesta a dejar atrás lo que crees que te da valor y permitir que sea yo quien te defina?”

Señor, ayúdame a tener verdadera ambición. Quiero ver las cosas que ojo no vio ni oído oyó. Estoy dispuesta a soltar cualquier cosa que me impida disfrutar las cosas que preparaste para mí.

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