Domingo 12 de Febrero de 2023 | Matutina para Jóvenes | Sin magia

Sin magia

Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Juan 8:32.

Visitar Machu Pichu, en Perú, es una experiencia impactante. La subida, entre serpenteantes carreteras y verdísima frondosidad, es el anticipo de la experiencia posterior. Las construcciones no solo hablan de gente de gran destreza y conocimiento sino con fuerte interés religioso. Hasta hoy, personas con inclinaciones espirituales meditan junto a altares de sacrificios o salas de oferentes. En todo el lugar se respira un aire de excepcionalidad que muchos, especialmente los seguidores de manifestaciones New Age, interpretan como un magnetismo especial. Todo parece mágico.

Descender a Aguascalientes es volver a la normalidad. Los hoteles, los restaurantes, los turistas y los souvenirs se agolpan. Al final de la calle principal se encuentra una figura de un Cristo, oscuro y de aire medieval, al que le ofrecen los mismos símbolos que a la Pachamama. Es esa mezcla de cristianismo y creencias precolombinas que impregnan la religión de esta zona. Los lugareños miran a la imagen con devoción infantil y, una vez más, todo parece mágico.

La experiencia espiritual más simple es la magia. No necesita normalidad, vive en la excepción. Se cree que lo maravilloso ocupa el lugar de lo común, que el milagro resuelve los problemas. En la religión mágica, ciertas palabras o actos complacen a Dios y él, en un acto de generosidad, accedería a resolver las peticiones; una hoja de coca o un poco de alcohol complacerían al Cristo de la calle, y él se dignaría a alterar la dureza del día a día. No se comprenden las razones, se aceptan con sumisión y con el deseo intenso de que se produzca lo extraordinario. La magia es caprichosa y esclaviza a las personas, impidiendo su desarrollo espiritual.

Jesús se opone a la magia, crea relaciones de diálogo, de comprensión. Seguirlo es empezar a entender el mundo, porque él es la Verdad. Su propuesta de relación (recuerda que ese es el significado de ‘religión’) se sitúa en la normalidad, en el día a día. Lo normal es la charla con el Dios amante, con el Dios que realiza el milagro de lo común: el amor en la casa, el compromiso en el trabajo, la misión en la calle, la libertad en el pensamiento.

A veces, sin darnos cuenta, volvemos a la magia y esperamos una religión de excepciones. Si es así, recuerda que Dios abrió el Mar Rojo un día, pero envió el maná tantos años que se convirtió en menú. Jesús resucitó a Lázaro pero, cada día, dio luz a los que vivían en la oscuridad. Deja, por tanto, lo excepcional para su ocasión, y disfruta de la libertad de vivir con Dios cada momento.

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