Matutina para Jóvenes, Viernes 12 de Marzo de 2021

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Andrés, el presentador

“Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús” (Juan 1:40-42).

En tres breves versículos, se nos narra una búsqueda de toda la vida de Andrés. Había buscado al Mesías hasta hallarlo. Tenía que compartir su alegría con quien entendiera lo que ese hallazgo significaba, así que trajo a su hermano a Jesús. Pero esta no fue la única ocasión en que Andrés trajo a alguien a Jesús.

Cuando Jesús vio la gran multitud que se agolpaba a su alrededor y notó que tenían hambre, notó también que sus discípulos no sabían bien cómo resolver el enigmático asunto económico que se les planteaba de improvisto.

Una vez más, Andrés se acercó. El relato bíblico dice:

“Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos” (Juan 6:8, 9).

Por alguna razón, el apóstol Juan decide mencionar estos casos particulares en que este discípulo de perfil un poco más bajo cumplió una de las tareas más nobles y elevadas, una que el Señor nos llama a cumplir también hoy. Solo Juan resalta esta actitud, pero con ello nos deja una gran lección.

En El Deseado de todas las gentes, con respecto a los comienzos de estos dos discípulos, leemos:

“Si Juan y Andrés hubiesen estado dominados por el espíritu de incredulidad de los sacerdotes y los príncipes, no se habrían presentado como aprendices a los pies de Jesús. […] Es la contrición, la fe y el amor lo que habilita al alma para recibir sabiduría del cielo. La fe que obra por amor es la llave del conocimiento, y todo aquel que ama ‘conoce a Dios’ ” (pp. 112, 113).

Es posible que muchas veces sientas que no te tocan los roles protagónicos, que no eres la figura principal de algunos milagros conocidos, pero esta actitud loable de Andrés, que fue reconocida para siempre, no es poca cosa ante los ojos de Dios.

De forma silenciosa, sin grandes pretensiones, hoy puedes presentarle a Dios a una persona también. Como sucedió en esas dos ocasiones, él puede hacer milagros grandes con esas personas después. Está en nuestras manos qué haremos con ese deber.

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