Martes 05 de Octubre de 2021 | Matutina para Adolescentes | La luna de miel – parte 1

La luna de miel – parte 1

“¡Llévame contigo, ven, corramos!” (Cant. 1:4, NTV).

Lisa y yo sonreímos cuando nuestro avión aterrizó en la ciudad de Belice. Los primeros dos días después de nuestra boda fuimos a visitar a unos familiares que habían llegado de África. Luego, nos registramos en un hotel económico cerca del aeropuerto de Baltimore y dormimos unas horas para, poco después de las tres de la mañana, salir casi sonámbulos al aeropuerto. Pudimos descansar en el avión y ahora estábamos listos para la aventura.

Yo había reservado habitación para tres noches en una posada ecológica a las afueras de San Ignacio. Alquilamos un automóvil y tomamos la carretera en medio del estrecho territorio de la pequeña nación de Belice. Luego de pasar un cartel que decía “Bienvenidos a Belice”, puse una grabación de nuestra boda en el reproductor de CD del automóvil. Disfrutamos del paisaje mientras reímos, cantamos y jugamos “el primero que vea”, cuyo objetivo es ser el primero en ver en el paisaje un objeto mencionado al azar.

Nos detuvimos en una tienda de artesanía a recoger la dirección de la posada ecológica. Nos entregaron un croquis, dibujado por alguien que no dibujaba mejor que yo, y añadieron que “no estaba dibujado a escala”. Las instrucciones eran algo así como: gire a la izquierda en esta calle, cruce el puente de madera, luego a la derecha en el cementerio, pase la estación de servicio, cruce a la izquierda en la mansión, luego cruce a la derecha en la carretera de un solo carril. Avance unos kilómetros por la plantación de naranjos, allí verá las vacas, luego verá una casa a la derecha. Supimos que estábamos cerca cuando vimos un barranco (advertido solo con una cinta amarilla de precaución) junto a un río a la izquierda y una montaña de espesa vegetación a la derecha. Conducimos un poco más y pronto llegamos al alojamiento. En el camino, disfrutamos de paisajes espectaculares.

–Parece que somos las únicas personas aquí –susurró Lisa.

–Mejor –le respondí.

Como era mitad de semana en temporada baja, esa noche éramos los únicos que nos alojábamos allí. Bajamos el equipaje por el camino de piedra hasta llegar a nuestra cabaña, acompañados del sonido de las aves. Nos sentíamos afortunados.

Esa noche, disfrutamos de la deliciosa comida preparada en la posada: hamburguesas, un puré de papa extraordinariamente delicioso, y un dulce tres leches que fue un verdadero placer para mis papilas gustativas. Una brisa fresca nos arrulló y nos ayudó a dormir plácidamente. Nos esperaba una semana de exploración, relajación e inspiración tropical.

Continuará…

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