Martes 19 Abril de 2022 | Matutina para Adolescentes | Atentado en Oklahoma City

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Atentado en Oklahoma City

“No temáis a los que matan el cuerpo pero el almano pueden matar” (Mateo 10:28, RVR 95).

Hoy vivimos en un mundo de miedo. Demasiado seguido escuchamos nuevas historias sobre personas que han cometido asesinatos en masa: fanáticos religiosos en misiones suicidas para matar a los “infieles”, personas que queman iglesias, psicóticos aquejados que entran en las escuelas y matan a los niños a tiros, y de locos que detonan bombas en aviones y edificios públicos.

El 19 de abril de 1995, escuchamos otra historia horrible sobre la muerte y la agonía. Ocurrió en la pacífica Ciudad de Oklahoma, en Oklahoma, Estados Unidos. Trágicamente, 168 personas murieron en una explosión, incluyendo 19 niños pequeños en la guardería que se encontraba en el edificio. Era la peor tragedia terrorista en los Estados Unidos hasta ese momento.

Finalmente, Timothy McVeigh fue llevado a juicio por la conspiración y por ejecución del crimen. ¿Cómo lo había hecho? Una furgoneta Ryder cargada con 2.260 kilos de explosivos fue conducida al estacionamiento del sótano del edificio federal Alfred P. Murrah. La mezcla de combustible diésel y fertilizante era fácil de comprar y de detonar. Nadie lo vio venir. Era un plan a prueba de tontos, planeado hasta el último detalle, y el conductor de la furgoneta escapó sin ser detectado.

Sin embargo, sorprendentemente, a penas algo más de una hora después de la explosión, un policía estatal detuvo un coche sin matrícula en la ciudad de Perry. El policía notó un bulto en la chaqueta del conductor, que era ­Timothy McVeigh, y lo detuvo cuando descubrió que llevaba un arma. Luego, el FBI decidió mantenerlo en la cárcel como sospechoso del atentado de Oklahoma. Tres amigos de ­Timothy ­McVeigh también fueron arrestados por su participación en el atentado, y fue el testimonio de estos lo que selló el destino de McVeigh, quien fue condenado a la pena de muerte por asesinato en masa.

Timothy McVeigh estaba resentido con el gobierno estadounidense, y el atentado contra el edificio federal fue su forma de ajustar cuentas. Lamentablemente, con la explosión mató a muchas personas inocentes. Nuestro enemigo lo utilizó para sus malvados propósitos: matar a las víctimas y hacer sufrir a las familias de los que murieron.

Es una historia triste; pero los que confiamos en Jesús no tenemos que temer a la muerte. Un día, Jesús resucitará a los creyentes fieles que han sufrido en este mundo de pecado.

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