Matutina para Adultos | Martes 09 de Mayo de 2023 | “El premio de la humildad”

“El premio de la humildad”

“Riquezas, honor y vida son el premio de la humildad y del temor de Jehová” (Proverbios 22:4).

La vida de Puyi, el último emperador de China, fue interesante. Pertenecía a la legendaria dinastía Qing, la familia real que había gobernado China desde 1644. El 2 de diciembre de 1908, en el salón Armonía Suprema, lo llamaron “Su Majestad el emperador”, pero empañó su ceremonia de entronización porque, a sus dos años, su suprema aspiración era que la nodriza le diera leche. En su autobiografía narra una anécdota que me pareció digna de contar aquí. Lu Chung-lin le preguntó: “Sr. Puyi, ¿pretende volver a ser emperador o será un ciudadano común?” La respuesta de Puyi fue clara: “A partir de hoy quiero ser un ciudadano común”.⁹³ Tras haber sido emperador, Puyi acabó trabajando como jardinero en los Jardines Botánicos de Pekín. Por supuesto, aceptó ser un ciudadano común a causa de los acontecimientos que cambiaron la geopolítica de la primera mitad del siglo XX, y no porque fuera el anhelo de su corazón. No lo hizo por desprendimiento, sino para salvar su pellejo.

Las Escrituras registran que el Emperador del universo decidió convertirse en ciudadano común; y, al hacerlo, nos dejó un modelo de vida. Pablo lo expresó con estas palabras: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo” (Fil. 2:5-7, NVI). Cristo, que era Dios, aceptó llegar a ser un siervo. En él encontramos el mayor ejemplo de humildad jamás visto. El Antiguo Testamento ya había destacado la humildad que caracterizaría al Maestro al decir: “Tu rey viene a ti, justo y victorioso, pero humilde, montado en un burro, en un burrito, cría de una burra” (Zac. 9:9, DHH).

Pablo dice que esa “actitud”, ese sentido de humildad, es lo que Dios espera en cada uno de nosotros. “No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo” (Fil. 2:3, DHH).

Y nos dio ese modelo de humildad para que nosotros lo emulemos en nuestra vida cotidiana. Si seguimos el ejemplo del Señor, veremos que “riquezas, honor y vida son el premio de la humildad y del temor de Jehová” (Prov. 22:4).

93 Aisin-Gioro Puyi, From Emperor to Citizen: The Autobiography of Aisin-Gioro Puyi (Pekín: Foreign Languages Press, 1999), p. 148.

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