Matutina para Menores | Domingo 18 de Junio de 2023 | Acsa

Acsa

“Caleb prometió que al que conquistara Debir le daría por esposa a su hija Acsa” (Jueces 1:12).

Encontrar el nombre de una mujer en el libro de los Jueces no es común. Si bien ella no fue jueza, se distinguió por ser una joven sabia. Fue hija de Caleb y se convirtió en la esposa del primer juez que menciona el libro: Otoniel. Con seguridad, el fiel testimonio de su padre y el ambiente de un hogar en que se respiraba la fe, influyó positivamente en su experiencia con Dios.

El breve relato de Acsa aparece dos veces en la Biblia, en Josué 15:16 al 19, y en Jueces 1:12 al 15. Estos pasajes destacan la fidelidad, la previsión y el tacto de Acsa. Ella aparece en escena cuando su padre pronunció las palabras del versículo de hoy. Quizá te parezca extraña la propuesta de Caleb. ¿Acaso consideraba a su hija un trofeo para el más valiente? La realidad es que en una sociedad en que muchos matrimonios eran arreglados por los padres, Caleb fue sensato, pues sabía que quien quisiera combatir no solo tendría valentía, sino también fe en Dios.

Luego de la batalla, Otoniel y Acsa se casaron. Pronto Acsa se dio cuenta de que las tierras que su padre le heredó no eran adecuadas para la agricultura ni la ganadería, ya que no había manantiales. Por lo tanto, le solicitó a su padre otra tierra mejor. En señal de respeto, descendió del asno e hizo la petición: “‘Quiero que me concedas algo’, dijo ella. ‘Ya que me has dado tierras en el Négueb, dame también manantiales’. Y Caleb le dio los manantiales de arriba y los de abajo” (vers. 15). Demostró sabiduría, pues estaba interesada en el bienestar de su hogar y sin duda fue una buena administradora.

Su padre no solo le dio un poco. Le dio más de lo que ella solicitó: le dio “los manantiales de arriba y los de abajo”. El predicador Charles Spurgeon comenta sobre este incidente, que hoy nosotros somos como Acsa y Otoniel.

Poseemos tierras, es decir, vida, pero sin agua. Sin embargo, tenemos un Padre más rico que Caleb. Podemos dirigirnos a nuestro Padre celestial para solicitarle las aguas del Espíritu Santo y así nuestra vida será fértil y fructífera para su gloria.

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