Miércoles 01 de Junio de 2022 | Matutina para Mujeres | La razón de mi esperanza

La razón de mi esperanza

“Cuando pasa por el valle de las Lágrimas, lo convierte en un oasis bendecido por la lluvia temprana” (Sal. 84:6, PDT).

No esperes nada de nadie, y así evitarás decepcionarte. Aunque tal vez no lo diríamos con estas palabras exactas, muchas veces vivimos así: atrapadas en la falsa seguridad del cinismo, creyendo que esperar menos de Dios y de la vida implica ser más sumisas y humildes. Sin embargo, el cinismo es un síntoma de una fe convaleciente. “El cinismo mata la esperanza”, escribe el autor estadounidense Paul Miller en A Praying Life [Una vida de oración]. “Soñar se siente como una tontería. El riesgo se vuelve intolerable. La oración no tiene sentido; es como si estuviéramos hablando con el viento. ¿Para qué ponernos a nosotros mismos y a Dios al alcance del fracaso?” Es cierto que el cinismo adormece el dolor de la decepción, pero lo hace por medio del robo de la capacidad de sentir esperanza.

Podemos deslizarnos cuesta abajo, casi imperceptiblemente, hacia el cinismo. Nos desilusionamos y nos amargamos. Entonces, el optimismo ciego que se hacía pasar por fe se hace trizas y las dudas nos asedian: ¿Cómo puede Dios permitir que esto me pase a mí? ¿Por qué no me ha contestado aún? ¿Le importa a él lo que me sucede? A menos que comprendamos que el Buen Pastor nos guía aun en el valle de las lágrimas y el de sombra de muerte, las propiedades soporíferas del cinismo nos tentarán. Cierta mañana, mientras releía la historia de la crucifixión, recordé que Jesús no aceptó beber vinagre mezclado con hiel. Esta bebida anestesiaba la agonía de la cruz, pero también le robaba al prisionero la capacidad de pensar con claridad. Comprendiendo el riesgo, Jesús decidió no beberla. El cinismo es una droga emocional peligrosa que nos arrulla y nos adormece. Sí, es cierto que con ella ya no sentimos tanto dolor, pero tampoco sentimos pasión o alegría. Jesús murió y resucitó para darnos una esperanza que transciende nuestras circunstancias. ¡No la desperdiciemos!

Señor Jesús, en los días de alegría, cuando siento el sol en la cara y mi boca está llena de risas y canciones, confío en ti. También en los días grises, cuando paso por el valle del llanto, elijo confiar en ti. Sé que no estoy sola. Por eso, no voy a entregarme al cinismo. Tú convertirás aun mis desilusiones en un oasis bendecido.

Hoy elijo volver a creer, a soñar y a confiar en que tienes un buen plan para mi vida. ¡Tú eres la razón de mi esperanza!

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1 comentario
  • Amén, que bendición convertirá mi valle no querido en un oasis bendecido por la lluvia Temprana. Amén, que meditación tan lleno de esperanza

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