Miércoles 07 de Diciembre de 2022 | Matutina para Adultos | “El Don de Dios: ¿quién quiere recibirlo?”

“El Don de Dios: ¿quién quiere recibirlo?”

“¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno” (Isaías 55:1, NVI).

¿Comprar sin dinero? ¿No es esto una paradoja? Cuando se habla de comprar, se entiende que hay un precio que se ha de pagar para tener derecho al bien o servicio que está en venta. Sin embargo, la invitación del profeta Isaías es a comprar “sin pago alguno”. ¿Qué quiere decir?

Lo que el profeta nos está diciendo es que el precio ya ha sido pagado. Lo que a nosotros nada nos ha costado, a Dios le costó todo: la vida de su amado Hijo, por amor a ti y a mí. Por ello, ahora él extiende la invitación a todos: ricos y pobres, libres y esclavos, judíos y gentiles… Todos pueden venir y beber “del agua de la vida gratuitamente” (Apoc. 22:17).

Pero ¡cuidado! No se trata de beber de cualquier fuente. Se trata “del agua de la vida” que solo Dios puede ofrecer. Porque, cualquiera que beba de cualquier otra fuente, “volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13, 14).

¿Quieres beber de esa fuente? Solo hay una condición: tener sed; la sed del alma que reconoce su necesidad de Dios. Así es. No lo puedes comprar; tampoco lo puedes ganar. Es el don de Dios.

¿Quieres recibirlo? Clovis G. Chappell ilustra muy bien esta realidad (Sermons on Biblical Characters, p. 80). Dice él que en algunas ciudades orientales, donde el agua es muy escasa, es frecuente ver a los vendedores ambulantes ofrecer el precioso líquido por un precio.

–El don de Dios –grita el vendedor–. ¿Quién lo quiere comprar?

Pero sucede que, en ocasiones, alguien paga por todo el suministro. Cuando este es el caso, el benefactor pide al vendedor que, en lugar de vender el agua, la regale. Entonces la oferta es esta otra:

–El don de Dios –dice ahora el vendedor–. ¿Quién lo quiere recibir?

“Todo lo que el hombre tiene la posibilidad de hacer por su propia salvación es aceptar la invitación: ‘El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente’ (Apoc. 22:17)” (Mensajes selectos, t. 1, p. 414).

Hoy quiero, bendito Jesús, agradecerte porque con tu preciosa sangre pagaste el precio de mi salvación. Quiero también que aplaques mi sed de ti con esa agua de vida que “salta para vida eterna”, y que ofreces gratuitamente a todo el que en ti cree.

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