Miércoles 09 de Noviembre de 2022 | Matutina para Adolescentes | La noche de los cristales rotos

La noche de los cristales rotos

“Pero vosotros aborrecéis lo bueno y amáis lo malo… Un día clamaréis a Jehová, pero él no os responderá… por cuanto hicisteis obras malvadas” (Miqueas 3:2, 4, RVR 95).

Múnich, Alemania, 9 de noviembre de 1938. Kristallnacht: “La noche de los cristales rotos”. Duró dos días.

Se rompieron escaparates y se golpeó a sus propietarios. Las tiendas fueron saqueadas y quemadas. La mercancía fue destruida. Bandas de jóvenes nazis irrumpieron en los hogares judíos, golpearon a los niños y a los ancianos, y destrozaron sus posesiones, incluidos sus objetos sagrados de culto. Veinte mil judíos fueron arrestados y 36 hombres, mujeres y niños fueron asesinados. Esto fue solo el principio, y algunos historiadores dicen que el Holocausto comenzó esa noche.

Lamentablemente, la mayoría de los alemanes no se opusieron a este trato de sus socios y vecinos. Tal vez se sintieron impotentes y asustados, o tal vez creyeron lo que decía la propaganda antijudía. Tampoco las iglesias protestaron. Una tras otra, se fueron aprobando leyes que negaban a los judíos, una por una, sus libertades. Por ejemplo, se exigía a los judíos que entregaran al gobierno todos los metales preciosos que tuvieran; joyas, anillos de boda, candelabros. Los judíos alemanes tenían que vivir en guetos. Se les retiró el carné de conducir y no podían estar afuera después de las 21 horas.

Entonces, los líderes de la Alemania nazi tuvieron una reunión muy importante. Hitler envió una carta diciendo que la cuestión judía tenía que ser resuelta de una manera u otra, y decidieron llevar a cabo lo que llamaron “La solución final”: la matanza de todos los judíos. Los campos de concentración ya estaban instalados en Alemania y en otros países, y comenzaron muchos años de sufrimiento para el pueblo judío en Europa. Gran parte del mundo no lo supo hasta después de finalizada de la Segunda Guerra Mundial; y en los años transcurridos desde entonces, muchas personas han estudiado el Holocausto para intentar entender cómo personas buenas y comunes pueden, a causa del odio, transformarse tanto que terminan torturando y matando a inocentes.

Por supuesto, el odio no siempre llega a tales extremos. Puede adoptar la forma de pequeños desaires e insultos hacia personas “distintas”. Niños con capacidades diferentes; adolescentes que no se visten del todo bien, o no se comportan igual que el resto; jóvenes que, simplemente, no encajan.

Sé conscien­te de esto en tu propia escuela, en tu vecindario, en tu iglesia. No te permitas nunca dar el primer paso hacia ese mal, ni siquiera en tus pensamientos

Comparte este devocional
Deja tu comentario