Miércoles 21 de Diciembre de 2022 | Matutina para Menores | Un corazón agradecido

Un corazón agradecido con Dios

“Den gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus obras entre los pueblos” (Salmo 105:1).

Tal vez hayas visto la película Polyanna. Es muy antigua, pero tiene lecciones tan actuales que te recomiendo verla con tus padres y hermanos. Es la historia de una huérfana que llegó a vivir a la casa de su tía, una mujer malhumorada. Polyanna siempre encontraba razones para agradecer en la vida.

Un día, por ejemplo, había recibido una donación que llegaba a las lejanas tierras misioneras donde su padre era pastor, y al abrir el paquete, en lugar de una deseada muñeca había recibido ¡muletas! Cuando Polyanna contaba la historia, todos le preguntaron: “¿Y qué tenías para agradecer en ese caso?”, a lo cual ella respondió: “No tener que usarlas”. Cuando quieres ser agradecido hay miles de razones para serlo. Solo hay que practicar. Desde chiquitos nos enseñan a decir “gracias” cuando alguien hace algo por nosotros. Pero cuando pronunciemos esa palabra, no lo hagamos de forma automática.

Hay personas cercanas que nos cuidan y nos hacen saber que podemos recurrir a ellas con confianza. A veces nos parece que es tan natural que nuestros padres, abuelos y tíos nos quieran y cuiden que creemos que no hace falta expresar gratitud. Pero sí hace falta. Cuando nos damos cuenta del esfuerzo y el empeño que ponen en ayudarnos, comenzamos a ser agradecidos. Una sonrisa, una ayudita al lavar los platos, hacer algún mandado o cumplir con las responsabilidades son hermosas formas de agradecer.

¡Cuántas veces un amigo nos regaló su tiempo de juegos para venir a explicarnos una tarea! ¡Cuántas veces nos hizo feliz con una llamada telefónica! ¿Se lo dijimos? No te olvides de hacerlo; ser agradecido es parte de la verdadera amistad. Hay un proverbio muy lindo que dice: “Cuando hagas un favor, no lo recuerdes. Cuando te hagan un favor, nunca lo olvides.”

Te propongo un desafío. Es difícil, pero no imposible. Por 24 horas (no 10 o 12, sino ¡24!) vas a dar las gracias por todo. Cuando te levantes, da gracias por un nuevo día de vida. Cuando enciendas la luz, da gracias por la bendición de tener electricidad. Cuando te bañes, da gracias por tener agua caliente y productos de aseo personal. Piensa en otras cosas. Siempre di: “Gracias”, y serás mucho más feliz.

Mirta

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