Miércoles 22 de Diciembre de 2021 | Matutina para Adultos | ¡A la manera de Dios!

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¡A la manera de Dios!

“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Hebreos 11:4).

La fe no es un producto de nuestras manos, mente o corazón. No. La fe es nuestra respuesta fiel al Señor. Fe es la plena seguridad de que Dios cumple lo que ha prometido, y el testimonio de Dios atestiguando y reconociendo la validez y la veracidad de tal fe, que se refleja en una vida de fidelidad. 

La fe es práctica, y va más allá de la definición. Para entender y crecer en la fe hay que caminar con los fieles, porque la fe “capacita al creyente para ver lo futuro como si fuera presente y lo invisible como si fuera visible” (J. Oswald Sanders).

Abel experimentó una fe a la manera de Dios. El nombre “Abel” significa “soplo, aliento, transitoriedad, en referencia a la brevedad de su existencia”. De hecho, un solo incidente de su vida fue registrado en la Biblia, y dejó marcas para toda la historia. Una ofrenda que contó con la aprobación del Cielo, porque fue la respuesta al pedido divino. Cuantitativamente, la ofrenda de Caín hasta pudo ser mayor, pero no era lo que Dios había pedido.

El ser una ofrenda de lo mejor del rebaño evidenciaba fe en el Redentor prometido, el verdadero Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo. El derramamiento de sangre era un reconocimiento por parte de Abel de su pecaminosidad y su necesidad de perdón divino. Fue lo que Dios pidió y lo mejor que disponía. La de Abel fue una fe a la manera de Dios. Esto agradó a Dios, en tanto que la ofrenda de Caín era inaceptable, porque no fue a la manera de Dios, sino la propia. 

“Así será con todos los que deseen vivir piadosamente en Cristo Jesús. Persecuciones y vituperios esperan a todos los que estén dominados por el espíritu de Cristo. El carácter de la persecución cambia con los tiempos, pero el principio, el espíritu que la fomenta, es el mismo que siempre mató a los escogidos del Señor desde los días de Abel” (Los hechos de los apóstoles, p. 460).

Pablo destaca el papel de la fe y la fidelidad, íntimamente ligados y fundamentados en la esperanza; la suprema necesidad de los que esperan la venida del Señor.

Vivir a la manera de Dios tiene su costo, pero también su recompensa.

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