Miércoles 28 de Septiembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Jaulas y prisiones

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Jaulas y prisiones

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Rom. 8:28, NTV).

Varios años atrás, mi hermana melliza y yo encontramos un pajarito en la terraza de nuestra casa. El nido se había volado con una tormenta y el pobre gorrioncillo estaba asustado y empapado. Para ayudarlo, le pedimos prestada una jaula a un vecino y lo alimentamos hasta que creció lo suficiente como para poder volar. Entonces, lo liberamos. Hoy, mientras charlaba con mi hermana por teléfono, ella se acordó de esa historia y me dijo: “Desde el punto de vista del pájaro, aquella jaula debió de haberse sentido como una prisión”. Aunque teníamos buenas intenciones (estábamos manteniéndolo a salvo hasta que sus alas se desarrollaran), él no tenía cómo saberlo. Desde su punto de vista, ser alimentado con una jeringa y vivir dentro de una jaula debieron haberse sentido peor que caerse del nido y perder a su mamá.

A veces, cuando un período de prueba o dificultad se prolonga, nos sentimos como ese gorrión: atrapadas. Desde la jaula, podemos ver las nubes en el cielo y también oler las flores. Sin embargo, por mucho que lo intentemos, no podemos salir. ¿Por qué no abre Dios la puerta y nos libera de esta situación? Me imagino que José se preguntó eso muchas veces. Sus hermanos lo vendieron como esclavo y lo empujaron fuera del nido familiar. Luego, la esposa de Potifar lo envió a la cárcel. ¿Cómo podía José saber que allí mismo, en la cárcel, estaba desarrollando las habilidades que necesitaría para gobernar Egipto? Dios permitió esos dos años detrás de las rejas para que su carácter se desarrollase, para que sus alas crecieran. En Patriarcas y profetas leemos: “Dios le estaba preparando en la escuela de la aflicción, para que fuera de mayor utilidad […]

En la cárcel, presenciando los resultados de la opresión y la tiranía, y los efectos del crimen, aprendió lecciones de justicia, simpatía y misericordia que le prepararon para ejercer el poder con sabiduría y compasión”.

No sé cuál es la dificultad con la que te estás enfrentando hoy, pero te invito a confiar en que Dios está usando todo lo que te sucede para moldear tu carácter. En el momento indicado, la puerta de tu prisión se abrirá y Dios te permitirá utilizar todo lo aprendido para bendecir a los demás.

Señor, ayúdame a comprender que tus propósitos trascienden mis circunstancias actuales. Quiero ser fiel hoy con lo que tengo, para poder servirte mejor en el futuro.

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