Miércoles 30 de Marzo de 2022 | Matutina para Adultos | El adventista “ateo”

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El adventista “ateo”

“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Juan 4:8).

¿Te ha sucedido alguna vez que, cuando lo menos que deseas es hablar, se sienta a tu lado alguien que precisamente lo que quiere es hablar?

Creo que a todos nos ha ocurrido. Por esa razón me identifiqué con Neale Schofield en la experiencia que vivió mientras viajaba por avión desde Auckland a Sídney, Australia (“Adventist Atheist”, Record, 29 de septiembre de 2012, p. 13). Cuenta él que ese día se sentía tan cansado que lo único que quería era dormir. Entonces, (ya lo puedes imaginar) a su lado se sentó alguien que tenía otros planes.

–¡Hola! Mi nombre es Lucas y soy estudiante de Geología de la Universidad de Sídney. ¿Cuál es tu nombre y a qué te dedicas?

“¡Oh, no!”, pensó Neale. “¡Esto es lo único que me faltaba!” Sin mucho ánimo, se identificó y mencionó que trabajaba para una institución de la iglesia adventista del séptimo día.

–Yo soy ateo –dijo Lucas–. ¿En qué se diferencia tu iglesia de las demás?

La pregunta dejó pensando a Neale. ¿Le hablaría del cuarto Mandamiento?

¿De la segunda venida de Cristo?

–Nosotros también somos ateos –respondió Neale.

–¡Qué! –exclamó Lucas, casi saltando del asiento. ¿Cómo es eso?

–Primero, háblame tú del Dios en quien no crees –sugirió Neale.

–¿Cómo puedo hablarte de Dios si ni siquiera creo que existe? –replicó Lucas.

–Entiendo; pero supongo que tendrás alguna imagen mental, una idea.

–Está bien –replicó Lucas–. Es grande y poderoso, no le importa mucho lo que pasa; y para ser honesto, creo que es más bien cruel.

–¡A eso me refiero, Lucas! –respondió Neale–. Yo tampoco creo en ese Dios. Ahora permíteme hablarte del Dios en quien sí yo creo.

Cuenta Neal Schofield, que durante una buena parte del vuelo le habló a Lucas del Dios en que tú y yo creemos. Del Dios que nos creó con la libertad de confiar en él o dudar de él, de aceptarlo o rechazarlo, de amarlo o ignorarlo. Del Dios que por amor a ti y a mí estuvo dispuesto a morir en la Cruz del Calvario.

–¡Nunca había oído hablar de un Dios así! –alcanzó a decir Lucas.

¿Cuántos hay que, como Lucas, nunca han oído hablar de nuestro amante Padre celestial? Qué bueno sería que hoy al menos una persona escuchara de nuestro maravilloso Dios. Como bien lo dijo alguien, tú y yo tal vez seamos la única “Biblia” que algunos leerán durante toda su vida.

Señor, que mi testimonio hoy revele a otros la clase de Dios que eres: un maravilloso y amante Padre celestial.

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