Sábado 26 de Marzo de 2022 | Matutina para Adultos | ¿Optimismo o esperanza?

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¿Optimismo o esperanza?

“Nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).

¿Cuál es la diferencia entre el optimismo y la esperanza? En opinión de Lewis Smedes, el optimismo depende de las evidencias para mantenerse vivo. Lo que esto significa es que muere cuando esas evidencias ya no dan base para ver las cosas en su aspecto más favorable. En cambio, la esperanza –especialmente la esperanza cristiana– no depende de las evidencias ni de los hechos tangibles para mantenerse viva, porque mediante la fe se apoya en las promesas de Dios. ¿No es acaso la fe “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”? (Heb. 11:1) (Keeping Hope Alive, p. 18).

¿Ves la diferencia? ¿Qué habría sido de Abraham si, cuando Dios le prometió que sería padre de multitudes, hubiera dependido de su optimismo? En tal caso, hoy no sería llamado “el padre de la fe”; porque el optimismo se alimenta de las evidencias, y para ese entonces todas las evidencias señalaban en su contra: Sara, su esposa, ya había pasado la edad fértil, y él mismo tenía unos cien años.

Abraham necesitaba, por lo tanto, un punto de apoyo más sólido; y ese punto de apoyo lo encontró en las promesas de Dios. ¿Qué le había prometido Dios?

“Haré de ti una nación grande” (Gén. 12:2). “De cierto volveré a ti el próximo año, y para entonces Sara, tu mujer, tendrá un hijo” (18:10). ¿Y cuál fue la respuesta del patriarca? Aunque “eran viejos, de edad avanzada” (vers. 11), Abraham esperó “contra toda esperanza” (Rom. 4:18). Cuando Dios le hizo la promesa, Abraham “no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido” (vers. 20, 21, NVI). El resultado fue que, precisamente en el tiempo anunciado, nació el hijo prometido.

Y tú, ¿estás pasando ahora mismo por una situación muy difícil? ¿Tan difícil que se podría decir que se necesita un milagro de Dios para resolverla? Si este es tu caso, entonces, más que alimentar tu optimismo, te animo a esperar en Dios; a poner tu esperanza en las promesas de su Palabra, y a esperar que, si es su voluntad, ¡él hará ese milagro!

¿No fue, acaso, un milagro lo que Dios hizo por Abraham y Sara? ¿Por qué no podría hacer un milagro también por ti?

“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (Sal. 42:5, NVI).

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