Viernes 22 de Abril de 2022 | Matutina para Jóvenes | Mi encuentro con el Señor

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Mi encuentro con el Señor

«Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». Hebreos 12: 14 RV95

A finales de enero, compartí contigo parte de mi testimonio personal. En la zona donde crecí hay mucha violencia y, como mi padre había sido asesinado, mi abuelo me decía siempre que nos veíamos:

—Eres el varón de la casa, por lo tanto, tienes que vengar la muerte de tu padre. Debes eliminarlos a todos, no debe quedar uno solo de ellos.

Yo tenía solo cinco años, y ya sentía el peso de ese encargo tan grande. Ser huérfano de padre es terrible y desolador. Todo lo malo que me ocurría, cada necesidad no suplida, cada enfermedad, cada vez que no había nada para comer en casa, me recordaba que no tenía un padre. Por eso no tenía zapatos, por eso mi pantaloncito estaba lleno de remiendos de diferentes colores, por eso no usaba camisa. Era una persona tímida, insegura y carente de afecto. ¡Cuánta falta hace en la vida de un niño la presencia, la fortaleza, la guía y la disciplina de un padre! Todo esto me llevó a las calles, donde descargué todas mis frustraciones mediante la violencia y el robo.

Fue deambulando en las calles cuando una ancianita se acercó al grupo de muchachos donde me encontraba. Estábamos preparando un asalto, cuando ella nos ofreció unas revistas cristianas. El jefe de la pandilla dijo con desprecio:

—Si esa vieja no se quita de en medio, no respondo por ella.

Para evitar que los miembros del grupo la maltrataran, decidí tomar la revista y la guardé en el bolsillo trasero de mi pantalón. En aquella revista leí un artículo titulado: «Cómo gozar de paz interior». La conclusión decía «Si quieres gozar de paz interior, deja que Cristo entre en tu corazón». ¡Esa era mi mayor necesidad! Así que aquel día elevé una oración: «Jesús, si eres real, entra en mi corazón».

Hace ya más de treinta años que esto ocurrió y tengo para decirte que Jesús entró y se quedó en mi corazón. Él quitó el odio y el rencor, y trajo paz y transformación. Cuando uno acepta al Señor Jesucristo, inicia en nosotros el proceso de la santificación. El Espíritu Santo comienza a echar fuera todo lo que compromete y daña nuestra relación con el Señor. Esto nos prepara para el cielo.

En mi experiencia propia, descubrí un mensaje que @Dios nos da a todos: «Solo yo puedo cambiar tu vida, ayudarte a superar tu pasado y darte un nuevo futuro».

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