Jueves 05 de Enero de 2023 | Matutina para Menores | La obediencia está antes que la ofrenda

La obediencia está antes que la ofrenda

Abel llevó al Señor las primeras y mejores crías de sus ovejas. El Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda. Génesis 4:4

La oveja de Abel era perfecta; y el producto de la cosecha de Caín, también. Sin embargo, antes de que Dios mirara las ofrendas, vio a las personas que las ofrecían. Vio con agrado a Abel y después miró su ofrenda. ¿Por qué? Porque para Dios es más importante ver el corazón de la persona antes que la ofrenda que trae. En el caso de Abel, su acción demostró que obedecía a la indicación divina. Esa ofrenda necesitaba el derramamiento de sangre: muerte; y mostraba que Abel entendía qué significaba el cordero. El sacrificio era una lección práctica de la futura muerte del Hijo de Dios.

En Hebreos leemos que Abel ofreció el sacrificio por fe (Heb. 11:4), fe en Jesucristo, y por eso Dios lo declaró justo. Por otra parte, Caín mostró ser hijo del maligno (1 Juan 3:12). Entonces, ¿cuál es la diferencia entre ser personas de fe o personas del maligno? ¿Será ofrecer sacrificios y evitar los frutos? ¡No! La diferencia está entre obedecer o no las indicaciones de Dios. Caín buscaba a Dios, pero a su manera; Abel era justo, porque confiaba en Dios y le era obediente.

Después de la muerte de Abel, Dios habló con Caín, y le dijo: “¿Por qué has hecho esto? La sangre de tu hermano, que has derramado en la tierra, me pide a gritos que yo haga justicia?” (Gén. 4:10). A lo largo de la historia, muchos fieles hijos de Dios han sufrido problemas y violencia por ser obedientes a lo que Dios pide. ¿Cuándo haría justicia Dios por Abel y los demás mártires? Sucedió cuando Jesucristo vino a este mundo. Ahí se demostró que el problema no era Caín, sino Satanás. Entonces, la muerte de Jesús fue una victoria, ya que así Dios venció a Satanás y demostró la maldad del plan del enemigo.

Hoy sigue siendo importante ofrendar a Dios; pero lo más importante es hacerlo con un corazón agradecido, con alegría y con una vida de obediencia a lo que Dios nos pide en la Biblia.

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