Jueves 31 de Marzo de 2022 | Matutina para Menores | Y el ganador es…

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Y el ganador es…

“En una carrera son muchos los que corren, pero solo uno obtiene el premio. Corran de tal modo que ganen” (1 Corintios 9:24, NBV).

Los Juegos Olímpicos son el mayor evento deportivo del mundo en el que participan atletas de todos los países. Estos juegos se inspiraron en los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia, con sede en la ciudad de Olimpia.

Para participar en este evento, definitivamente hay que ser un ganador. Sin embargo, aunque ya son ganadores, todavía les falta una “carrera” para ser el ganador de todos los ganadores, y de todos ellos, solo uno se lleva el premio. En la Biblia, Pablo lo compara con la vida cristiana. Al igual que los deportistas, en la vida cristiana debemos ser responsables al practicar las disciplinas que nos ayudaran a ganar el premio.

En una competencia atlética, hay un límite; solo una persona puede ganar el primer lugar. Sin embargo, todos los que participan tienen que ser responsables y estar dispuestos a soportar una severa preparación y esforzarse al máximo para tener la posibilidad de ganar el premio. Las habilidades y el vigor que obtienen como resultado de su intenso entrenamiento no valen nada si no son responsables y disciplinados. Ninguno de ellos puede ser indiferente o descuidado.

En la vida cristiana, la victoria no se limita a un solo ganador. En el reino de Dios, hay un primer puesto para todos los que “corran de tal modo que ganen”, pero al igual que los deportistas, solo alcanzarán el premio los que sean responsables y se sometan a un estricto entrenamiento.

¿Qué entrenamiento? Un ganador asume sus responsabilidades, no huye de ellas. Un ganador obedece las instrucciones y no hace lo que le da la gana. Un ganador usa bien su tiempo, no lo malgasta. Un ganador se hace responsable de lo que dice, y cumple sus promesas. Un ganador siempre habla bien de los demás, no los critica, y destaca lo mejor de ellos a pesar de sus defectos.

Un ganador reconoce sus errores, y no culpa a los demás. Un ganador da lo mejor de sí, pero deja que Dios se encargue del resultado.

Cuando Dios entregue el premio, habrá ganadores y perdedores. ¿Quién estará entre los ganadores? Puedo escuchar la frase: “El siguiente ganador es… (coloca tu nombre)”.

Magaly

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